Teen idle


''Al final te acostumbras''
Esas fueron las palabras de despedida del chico de las muñecas vendadas de vida y de las palabras rotas.

Yo sabía que era una persona infinita, y él que alguien lo necesitaba más que nada, más que yo, más que la vida. Lo sabía y no quiso saberlo.
No quise entenderlo.
Prometió volver, pero, ¿por qué iba a volver si allí le necesitaban?

Cartas escritas en lágrimas y recuerdos, emborronados por el paso de una vida.
A su lado podía oler sus sentimientos. Eran como oler un jardín florecido, una flor recién cortada, una promesa suicida.
''Es como sentir algo que te ocupa por dentro y que te hace sentir vacío'' Yo no te entendí hasta que ocupé tu lado del sofá, engañada por el olor a flores que habías dejado en el aire de recuerdo.
No sé en qué estaba pensando.
Creí que tus sentimientos eran como las promesas suicidas que me decías. Me equivocaba, era el olor a sangre y pastel de chocolate.
Pinté mi cuerpo con la sabia de tu cuerpo, aún recuerdo su calor evaporándose. Sentí como fluía tu infinidad.
No pudiste soportarlo.
Pinté tu rostro con pinceladas de realidad sangrante en un lienzo que ya poco tenía de inmortal.

Dicen que este invierno va a ser el más frío, pero dudo mucho que pueda compararse a tus ojos suplicantes, a lo que dejaste ese narcisista día.
Has muerto solo para descubrir que llegaste con vida.
Solo para eso.

Todavía me encuentro con tus brazos chorreando deseos encerrados en gritos mudos, todavía me encuentro con tus venas vacías.
''Al final te acostumbras''

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