Entre la z y la c de Nietzsche

Me huelen las manos a la paz que me falta y esto de seguir respirando dolor no ayuda.
Me quedo sin uñas de recoger tierra para mis murallas y lo único que construyo son balcones con vistas a la soledad de tu sonrisa.
Me sangran los nudillos de tanto sujetar el peso de la felicidad, por no hablar del de la guerra, que me hace sangrar el alma.




1 comentarios:

  1. Wow, qué entrada más profunda, me ha encantado. Está escrita de una forma magnífica, sin duda me quedo por tu blog! Lo descrubrí a partir de atelir de ganesh :)
    Un besito, te espero por mi blog:)

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-Nada, porque al huir se cede la voluntad a la renuncia
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