Diario de Miguel Moliner

Hoy -sí, hoy, como tantos otros hois-, en uno de mis rutinales buceos por la lombriz de cemento, me he topado con un feo decoro entre el suelo que pisaba -porque el de verdad está más arriba- y la pared de la madriguera.
Era una carta. Una carta que comienza así; [proximamente]



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